La inteligencia artificial (IA) empezó como una herramienta efectiva, pero poco a poco se convirtió en un enemigo silencioso con mucho poder de manipulación.
Character.AI (amigo virtual), que alguna vez fue una de las empresas emergentes de inteligencia artificial más prometedoras de Silicon Valley y otras regiones estadounidenses, anunció que tomará medidas de seguridad para proteger a los usuarios.
Los bots artificiales pueden sugerir libros y practicar idiomas extranjeros con los usuarios, y permiten a los usuarios chatear con otros bots que pretenden asumir la personalidad de personajes ficticios, pero verosímiles.
La plataforma, que alberga millones de personajes creados por los usuarios, que van desde figuras históricas hasta conceptos abstractos, se volvió popular entre los usuarios jóvenes que buscan apoyo emocional, pero los críticos dicen que esto llevó a dependencias peligrosas entre adolescentes vulnerables. ¿A qué se debe esta necesidad de tener estos “amigos”? Hay una serie de respuestas: la pandemia causó estragos en los jóvenes a la hora de desarrollarse con otras personas y nos vimos obligados a permanecer encerrados. La única forma de relacionarse fueron las redes y el vínculo humano se fue desgastando progresivamente. La otra razón sería la poca tolerancia que hay a la hora de comprender los problemas de otro ser humano, y ahí es donde entra este amigo artificial (que, de más está aclarar, no tiene sentimientos). Por lo tanto, está falta de emociones hace que uno no tenga que gastar esa energía en un tercero, enfocándote 100% en tus necesidades.
La segunda respuesta es muchísimo más amplia que la primera, porque esta manera de evadir los problemas viene de hace tiempo. El avance tan veloz de la tecnología surgió a principios de la década de los 2010 con Facebook como red social pionera en la nueva forma de relacionarse, más robotizada y poco humana. La sobre estimulación que causan las redes ayudaron a esto que estoy mencionando, pero…¿Por qué? Nos acostumbramos a necesitar contenido constantemente sin poder tener un tiempo de reflexión o escucha a los problemas que nos rodean. Una situación complicada no se resuelve de un día a otro, y la velocidad en la que se reproduce el material que consumimos es verdaderamente alarmante porque no es la vida real, es un hobbie que se convirtió en nuestra mejor amiga, sin querer, queriendo. Es decir, tergiversamos el modo en que se resuelven los problemas porque nos volvimos seres menos sociales y, en cierto punto, perdimos la capacidad de escucha.
¿Qué pasa con la IA en Argentina?
Entre algunas cosas positivas que se puede rescatar de esto, hay otras muchas negativas y casos verdaderamente escalofriantes. En un colegio de Córdoba (Manuel Belgrano, en Ciudad de Córdoba) llevaron a juicio a un joven por difundir fotos sexuales de 2 de sus compañeras de 16 años, alteradas por la IA. Casos como ese hay un montón, en dónde, se hace con el fin de mercantilizar estas fotos falsas para venderlas en todo el colegio secundario.
Pero, por otra parte, hay gente joven y no tan joven que usa este fenómeno como terapeuta. La falta de dinero en las casas de los argentinos provocó que mucha gente use está herramienta de esa manera, no tiene mucho sentido porque necesitas a alguien que entienda tus problemas para que te ayude a sobrellevarlos o superarlos de la mejor manera, y bien sabemos que alguien que no sea de carne y hueso no tiene la capacidad de auxiliarte. Pero es verdad que una sesión con un psicólogo está arriba de 20 mil pesos. A esto hay que sumarle que la gente la está pasando cada vez peor por los constantes problemas que existen y la pérdida de poder adquisitivo de las familias de clase media/baja en nuestro país. Un círculo vicioso que por el momento no creo que dé esa vuelta de 360 grados.
¿Qué ocurre con el pensamiento crítico?
La situación plantea un desafío urgente para las universidades y los formadores. Deben incentivar y revalorizar el pensamiento crítico, la argumentación oral y escrita, y el juicio ético como competencias centrales, en lugar de fomentar una dependencia ciega a la tecnología.
El futuro no está en competir con las máquinas, sino en complementarlas. Pero para eso, primero hay que tener algo que la IA no pueda replicar: criterio humano.
Hay una realidad: a diferencia de nosotros, la inteligencia artificial puede procesar información y generar textos a una velocidad muy superior, y eso es tentador. Por otra parte, uno en general tiene más de 1 sola actividad y a veces esperamos a último momento para finalizar una tarea o simplemente no nos acordamos. Pero hay que ser consciente que para dejar este vicio de lado para enfocarse en pensar la manera en la que podemos resolver estos problemas y estimular a la gente a comprender los problemas para resolverlos de manera eficiente, porque tiempo te haces y la cabeza es lo más importante que puede tener un ser humano.
