Esteban Cossy es un joven nacido en Paraná, Entre RÃos, experimentado en un aclamado deporte de nieve: el snowboard. Como instructor, pasa las temporadas de invierno entre el hemisferio sur y el hemisferio norte persiguiendo los inviernos particularmente en dos lugares: Bariloche y Lake Tahoe (California). Sin embargo, esto no fue siempre asÃ. En 2007, conoció un centro de esquà en Yosemite, un Parque Nacional ubicado en California conocido por sus más de 3000 kilómetros cuadrados de montañas, cascadas, bosques y senderos, y sus icónicas secuoyas, árboles que alcanzan los 115 metros de altura y viven hasta 1800 años.
La experiencia en ese trabajo y en ese pequeño centro de esquà iba a cambiarle la vida: “La montaña me fue capturando cada vez más. Yo estaba estudiando IngenierÃa QuÃmica. Dejé la carrera y cambié de rumbo. Empecé a mandarme por toda la Argentina viendo dónde pegaba laburoâ€. Envió mails en todas las direcciones, hasta que una escuela de Bariloche le respondió ofreciéndole una oportunidad de trabajar en una de las ciudades emblemas de la Patagonia Argentina. Seducido por el Parque Nacional Nahuel Huapi, sus cerros y paisajes, encontró su hogar en el paÃs.
AllÃ, conoció a muchas personas y dio con una organización que se define como “un grupo de personas que ama Bariloche activamenteâ€: Somos B. Es uno de los cuatro miembros originales de la comunidad y cuenta: “Cuando me mudé a Bariloche, por curiosidad de conocer lo lindo y lo feo, fui a ver el basural a cielo abierto, y esa primera imagen prendió la chispita de querer hacer algo al respecto. Ahà empezamos a investigar, estuvimos meses leyendo sobre el tema, conversando sobre las personas involucradas, porque entendÃamos que si Ãbamos a comunicar habÃa una responsabilidad y debÃamos aportar datos ciertos, para no generar más confusión de la que ya hay. En el camino se fueron sumando diferentes personas que sumaron sus perspectivasâ€.
AsÃ, durante una tÃpica tarde entre mates compartidos, surgió la necesaria reinvención de quienes buscaban un resultado distinto al status quo: “Che, esto hay que esquiarloâ€. Se pusieron en contacto con Esteban y le preguntaron si conocÃa a alguien que tuviera las ganas y valentÃa de subir una montaña de residuos para deslizarse con su tabla, y no dudó: “Yo, vamosâ€. Las emociones oscilaban entre la ansiedad de surfear una montaña de residuos, y racionalizar que lo que tenÃan enfrente era lo que la sociedad “oculta bajo la alfombraâ€. Pero Esteban y Somos B tenÃan muy en claro su objetivo: “La concientización, porque implica un cambio mental y de hábito sobre el consumo, y a partir de ahà se empiezan a prender alarmas de cuestionar por qué hacemos lo que hacemos, por qué consumimos lo que consumimos, qué pasa con lo que tiro en mi casa… un montón de preguntas que van llevando a un cambio necesario. Es como un barco que se hunde, primero tenemos que hacer que no se hunda, y después lo llevamos a la costa a repararloâ€.
La montaña de basura está ubicada a la vera de la ruta 40, poco después del “el Alto†de la ciudad en la dirección hacia El Bolsón, y sólo acopia los residuos de Bariloche. Entre el Cerro Ventana y el comienzo del Lago Gutiérrez, una columna de árboles logra tapar un cúmulo de efectos nocivos para el ambiente y las personas: “La gente que va a Bariloche no sabe dónde está, muchas veces ni siquiera quienes viven en Bariloche lo saben. Lo más loco es que está escondido al aire libre, es un juego ópticoâ€. Desde Somos B agregaron: “Hay que recuperar la tierra de ese vertedero, hoy no hay relleno sanitario y eso implica hacer una remediación de la zona, impermeabilizar para que los lixiviados no filtren, solucionar el tema de los gases, cubrir con tierra y pedirle a la naturaleza que remedie la cagada que nos mandamos. Son todos trenes que tienen que abordarse al mismo tiempoâ€.
Los basurales a cielo abierto, por el propio efecto de la descomposición de millones de toneladas de residuos no controlados, provocan la emisión de lÃquidos tóxicos, gases inflamables que provocan incendios, y la contaminación de suelo, aire y agua. Además de la situación de vulnerabilidad ambiental que provoca este vertedero, hay una Ãntima conexión con lo social: personas marginadas del sistema cuyo contexto socioeconómico las lleva a buscar comida o residuos recuperables para luego venderlos, sin ningún tipo de protección, visibilidad o asistencia social.
“El municipio es tan responsable como el vecino, este es un problema de toda la gente de Barilocheâ€, respondió Esteban sobre el criterio de responsabilidad. “Ojalá lo podamos solucionar -expresaron desde la comunidad Somos B-. Es ridÃculo hacer lo mismo y esperar un resultado diferente. Ponerse solamente a reclamar al Municipio de que haga algo es ridÃculo, no hay fondos, por algo se repite en la mayorÃa de la Argentina. Impacta acá porque es Bariloche, es un Parque Nacional, pero es algo a nivel nacional en todos los municipios. Salir a apuntar el dedo es un poco hipócrita porque el cambio es muchÃsimo más holÃstico, integralâ€. En la actualidad, se estima que alrededor del 40% del presupuesto municipal se deriva a la gestión de los residuos generados por la ciudadanÃa. Asimismo, esbozaron un punto potenciador de la problemática barilochense: “Todo lo que está creciendo Bariloche en infraestructura, cloacas… Se sabe que se tiran aguas cloacales negras al lago que, además, es Parque Nacional. ¿Dónde está el reclamo de la gente? Es nuestra caca, es nuestro lago, no es una pelÃcula de ciencia ficción, no está pasando en otra ciudad, está pasando en nuestro lugar, nuestro hogarâ€. (INFOBAE)
