Hasta no hace mucho, Romina DomÃnguez se levantaba a las seis de la mañana para tomar el primer micro que la dejarÃa en el trabajo. Después tomaba otro para ir a cursar, y recién a las once de la noche, llegaba a su casa. Eso era en la capital del paÃs, cuando todavÃa no sabÃa que la vida y el trabajo en un ambiente natural podÃan ser una posibilidad para ella y su pequeño hijo. El impulso por la carrera de guardaparques comenzó a germinar en ella hacia el año 2009, al conocer la PenÃnsula Valdés.
“Me llamó la atención ver a los guardafaunas y su relación con la biodiversidad que los rodeaba, me quedé con esa imagen. Entonces me propuse que yo también podÃa vivir y trabajar en los medios naturales, aportando a la conservación y a la gente. Me metà a la carrera y nunca más dejé de amar lo que hagoâ€, explica Romina, que este año obtuvo el concurso público para ingresar a la Administración de Parques Nacionales de la promoción 31.
Ahora se levanta y lo primero que ve al abrir la puerta de la vivienda de la seccional de guardaparque es la belleza incólume, inmensa y pacificadora de la montaña más preciada de la Patagonia: el volcán LanÃn. En el medio está la ruta 60, y a dos kilómetros el cruce a Chile por el paso Mamuil Malal. La visión de Romi se apacigua con los manchones de tierra que deja entrever la nieve: es que el camino a la primavera se hace largo en esa zona, y el primer reverdecer se dará llegando al final de octubre. Además de una nevada extraordinaria de 1,70 metros, las consecuencias de la pandemia -en cierta medida-, han influido en el Parque Nacional LanÃn.

Romina DomÃnguez llegó este año a ocupar el puesto de guardaparque
"Entonces me propuse que yo también podÃa vivir y trabajar en los medios naturales, aportando a la conservación y a la gente. Me metà a la carrera y nunca más dejé de amar lo que hagoâ€
“No se ha visto modificación de fauna silvestre en cuanto a sus comportamientos; es decir, según la época del año, en el parque tenemos pumas, varias especies de aves, cauquenes, bandurrias. Y por el lado de los mamÃferos, viven acá el zorrino patagónico, el peludo, el zorro gris y el coloradoâ€, cuenta Romina. “Entiendo que es porque hay un análisis previo y bien hecho de los espacios que el hombre podÃa transitar sin impactar el medio; entonces los lugares intransitables y donde las personas no pueden ir, siguen protegidos y continúan su curso de vida naturalâ€. Lo que sà nota Romina es una reducción del peligro en relación a los focos Ãgneos y a familias transitando zonas no permitidas porque hace dos semanas el lugar está cerrado a la circulación por Covid -19.
“Hubo aparición de casos en JunÃn y San MartÃn de los Andes, por lo que la visitación está cerrada por el momentoâ€, argumenta, y agrega que, junto a su compañero de trabajo, “están aprovechando el tiempo para dejar todas las áreas del Parque en condiciones sanitarias para cuando se reabra el lugarâ€. “Aprovecho para hacer hincapié en que sigamos esforzándonos en mantener los cuidados mutuos y en decirle a pobladores que estamos preparando todo para recibirlos aquà cuando se puedaâ€, dice Romina.

Más adelante, la guardaparque describe la problemática faunÃstica del Parque Nacional al mencionar lo que sucedió con el ciervo, un animal que no es autóctono de la zona. “El ciervo fue introducido por la gente que tenÃa estancias para cotos de caza. Al liberarlos como animales silvestres, han desplazado al guanaco, al huemul y al pudú, que sà son nativos del área natural; este desplazamiento se da por una competencia por el alimentoâ€, argumenta la mujer. A eso se suma la impactación del chancho jabalÃ, que se come la semilla del pehuén y reduce su población. También, la introducción del visón americano para la industria pelera, está poniendo en riesgo la vida del pato de los torrentes (un emblema del Parque LanÃn) al comerse sus huevos.
Romi tiene 31 años y vive con su pequeño hijo de casi tres en una de las casas al pie de la ruta 60. Al lado, viven el otro guardaparques con su mujer. “El rol que cumple tu compañero en esta profesión es clave, te convertÃs en familiaâ€, relata Romina. “Nosotros con mi hijo llegamos primero y para mayo llegaron ellos y nos hicimos entrañables; funcionamos como una pequeña comunidadâ€, recalca, y agrega que, con su compañero, realizan en conjunto el trabajo de supervisión de sendas, auxilio de vehÃculos (que ahora no se da tanto por la prohibición de circular), la extracción de ramas; y las visitas a comunidades originarias (Chiquihuil, Atreuco, Painefilo y Linares). “Lo que más me gusta del lugar, son las diferentes visiones que se tiene de un mismo sitio. JunÃn y San MartÃn ofrecen una amplia oportunidad de desarrollar otras actividades para los pobladores de la montaña, y eso también es vital; tener un ejido urbano que ofrezca posibilidades de atención médica de calidad y educación gratuita. Lo resalto como mamá y como pobladora de la zonaâ€, expresa la guardaparque.

Belleza inconmensurable: el Parque Nacional LanÃn espera por la reapertura
Para Romi, el LanÃn es como un amuleto. No por verlo todos los dÃas deja de sentarse a admirarlo. Y asà como hay quienes le piden a los dioses, u otros hablan con su psicólogo, la mujer es capaz de liberar su pensamiento más profundo, sólo en la intimidad de la ladera.
“La administración está acompañando este cambio de paradigma feminista. En este rubro que siempre fue un territorio tan de los hombres, ahora la planta de mujeres trabajando en Parques Nacionales ha alcanzado el 20%â€, comenta Romina DomÃnguez. Y concluye: “Hay que seguir manifestándose y visibilizando cuestiones que se habÃan naturalizado; nosotras hemos formado un grupo de mujeres trabajadoras de parques, tratando de, todas juntas, lograr más reivindicacionesâ€.
Nota. La Mañana de Neuquen
