En los últimos años y a raÃz de la difusión de distintas lÃneas telefónicas y canales de Whatsapp, son los niños quienes "se animan" a denunciar los abusos y el maltrato a que son sometidos, aunque en muchas ocasiones las "prácticas burocráticas y la invisibilización" de sus derechos en ciertos sectores de la Justicia, hace que el Estado llegue tarde para protegerlos.
La Ley 26.061 sancionada en el 2005 que derogó el viejo Patronato de la Infancia vigente desde 1919, estableció un sistema de protección a la niñez en el que instruye a toda persona a denunciar cualquier situación de maltrato fÃsico o abuso y, en este sentido, los médicos y las docentes se convirtieron en los principales detectores de esta alarmas.
Luego cada provincia adoptó para su territorio una ley de protección similar y la obligación de denunciar situaciones de maltrato se extendió para todo funcionario de la administración pública
Marisa Graham, Defensora Nacional de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, dijo a Télam que "el Estado no puede actuar cuando no hay denuncia, es imposible que se haga un monitoreo en cada familia para detectar casos de violencia intrafamiliar, pero son los efectores de salud y la escuela, la que deben estar atentos".
Explicó que en la reciente muerte del niño Lucio Dupuy, de cinco años, en La Pampa, "es raro que no haya surgido la alarma de la escuela o del hospital" y apuntó en este caso a una reunión que mantendrá en el Consejo Federal de Salud para agilizar estos mecanismos de detección en los hospitales.
"La violencia contra los niños esta invisibilizada por un lado y naturalizada por otro", destacó Graham y agregó que hay que preguntarse "que esta pasando en el mundo adulto que avasalla los cuerpos de tal manera" y destacó que llegan cada vez más casos "de abuso intrafamiliar, de incesto".
Y agregó: "Asà como las mujeres conseguimos que haya más conciencia social sobre nuestros cuerpos todavÃa no lo hemos conseguido sobre los niños, posiblemente porque los niños no marchan".
Muchos madres o padres nos dicen que "no ejercen violencia sobre sus hijos, cuando los zamarrean o les pegan una bofetada o los insultan, nos dicen que no los pueden corregir sin esa práctica, Son microviolencias que se ejercen como algo cultural".
